Como no tengo que reflexionar sobre mis votos (he votado por correo), puedo dedicar una rato del día de reflexión a reflexionar sobre los resultados. O, mejor, a hacer un pronóstico.
Creo que Podemos y Ciudadanos van a entrar en la Asamblea de Extremadura pero no con los 8 y 4 diputados que les daba el CIS en su último barómetro. El mundo rural, donde apenas tienen presencia, les va a votar menos que el mundo urbano y, en consecuencia, no van a sumar muchos votos "extremeños" a los que aportan las "marcas" y líderes nacionales. 5/6 para Podemos y 2/3 para Ciudadanos es mi pronostico.
Creo igualmente que IU no llegará al 5% y, en consecuencia, saldrán de la Asamblea de Extremadura. Por si no hubiesen hecho suficientes méritos para ellos Pedro Escobar y Alejandro Nogales, la laminación de las organizaciones en Badajoz y Caceres, será, en mi opinión, la puntilla.
Quedan PP y PSOE. Creo y espero que el buen animo, la euforia en algunos casos, de los militantes socialistas, puesto de manifiesto con el "entradon" de la plaza de toros de Caceres, es consecuencia de que palpan en el ambiente que los electores no volverán a castigarles por los pecados de ZP y, en consecuencia, recuperarán parte de la confianza perdida en 2011. Si es así, si el barómetro les ha funcionado correctamente, Guillermo Fernández Vara volverá a presidir la Junta de Extremadura si, como creo, su talante le permite alcanzar los necesarios acuerdos con los nuevos partidos.
En su intento de que no le den en su cara las tortas dirigidas a Rajoy, Monago, además de cambiar de "partido", ha hecho una campaña estrafalaria, cuando no ridícula, por la que seguramente le pasaran factura quienes hoy le alaban si, como predijo el CIS, pierde la mayoría relativa y, con ella, las posibilidades de formar gobierno. 29/28 para el PSOE y 27/26 para el PP es mi pronostico ( o quizás sea mi deseo ). Veremos.
sábado, 23 de mayo de 2015
miércoles, 6 de mayo de 2015
EL PROGRAMA ES EL CAMBIO
Podemos tiene programa. En contra de lo que dicen sus rivales
políticos y muchos analista, Podemos tiene un programa, claro, nítido, potente;
se trata del Cambio. El Cambio, para Podemos, consiste en sacar del poder a los de siempre (la casta, los de
arriba, en acepciones anteriores), para que ocupen su lugar los ciudadanos, los
desfavorecidos, los de abajo, a los que Podemos quiere representar, después de
convertirse en su voz. Los de siempre son los que han masacrado a los ciudadanos
con recortes, con el deterioro de los servicios públicos y de la dependencia;
con rescates bancarios, los que han permitido los desahucios, los que han
favorecido a los de arriba; en definitiva, los que han dilapidado el capital
social que, con su esfuerzo y sacrificio, consiguieron las generaciones que
vivieron y protagonizaron la Transición.
Oyendo hoy en Badajoz a Iñigo Errejón, uno tenía la sensación de
estar escuchando a Felipe González, a Alfonso Guerra o a cualquiera de los
dirigentes socialistas que, en 1.982, con el mismo programa electoral: Por el
Cambio, llevaron al PSOE al Gobierno de la Nación. Cuando en una celebre
entrevista el periodista José Oneto preguntó a Felipe González en que consistía
el cambio, Felipe contestó: “El Cambio es que España funcione”. Claro que había programa, propuestas,
medidas, pero no fueron estas las que dieron el histórico triunfo al PSOE; fue
las ansias de cambio; la necesidad de pasar página las que propiciaron el cambio.
Sin embargo, en mi opinión, aquí terminan las coincidencias. En
1.982, el PSOE tenía presencia organizada en todo el país; tenía alcaldes en
multitud de pueblos y ciudades; tenía una estrecha colaboración con la UGT, con
quién lideraba conflictos sociales y laborales; tenia, en definitiva, el
vehículo con el que llevar el mensaje a todos los rincones de España. Lo llevó;
los ciudadanos lo entendieron y lo apoyaron.
Por el contrario, Podemos no tiene presencia organizada en la
mayor parte del país, sobre todo fuera de las principales ciudades; Podemos
solo tiene cinco europarlamentarios cuya actividad apenas nadie conoce; no
tiene ni alcaldes ni concejales; no tiene presencia destacada en conflictos
laborales y en los sociales (desahucios principalmente) comparte protagonismo
con otros actores. En definitiva, carece del vehículo que utilizó el PSOE para
llevar su mensaje de cambio a los ciudadanos. Tiene eso si, presencia
importante en las Redes Sociales, pero está por ver la influencia de las mismas
mas allá de los círculos, y los medios están claramente soplando en contra.
Esta carencia a la hora de transmitir su mensaje, la ha puesto claramente de
manifiesto Iñigo Errejón en Badajoz, cuando ha demandado de los 300
militantes/simpatizantes que le han aclamado durante su intervención, que hagan
campaña activa, llevando a sus respectivos entornos el mensaje del Cambio.
Y por si fuera poco, antes de las elecciones generales del otoño,
en las que intentarán liderar el Cambio, van a tener que retratarse, como lo
están haciendo ya en Andalucía, con su presencia en los parlamentos autonómicos
y, sobre todo, con la actitud que mantengan a la hora de propiciar o permitir
la formación de gobiernos autonómicos.
Por cierto, el Programa de Podemos es para las elecciones
generales del otoño; para las autonómicas, al menos en Extremadura, no tienen.
Su líder regional y candidato a presidir la Junta de Extremadura, Álvaro Jaén,
se ha limitado a esbozar un Plan de Rescate Ciudadano, con tres pilares: Renta
básica; Vivienda y Dependencia. En unos días, según ha manifestado, conoceremos
el programa con el que pretenderán sumar votos a los que desde Madrid aporte
Pablo Iglesias. Mi opinión es que, dada su escasa implantación en el medio
rural y su aún igualmente escaso conocimiento de la realidad extremeña, pocos
votos podrá sumar a los que aporten la organización y sus lideres nacionales.
lunes, 8 de septiembre de 2014
EL OJO INVERSIONISTA DE MONAGO
El Presidente Monago está demostrando que tiene buen ojo para
rentabilizar las inversiones o, al menos, que tiene un buen asesor financiero
que le indica donde poner dinero con rápido retorno y alta rentabilidad.
Lo hizo con la fiesta de los Palomos 2014 en Badajoz, financiando
a los organizadores, la Fundación Triangulo, con 95.000€. El beneficio fue
inmediato: Fotos con sus satisfechos responsables; loores y parabienes del
colectivo de LGTB; premios y distinciones, etc. Nuestro Barón Rojo, que cree en
las ideas mas que en las ideologías, dejó fuera de juego a los suyos pero sacó
buen rédito asesor que le indica donde pone que en las ideolog los organizadoresl menos,
que tiene un buen asesor que le indica donde ponemediático y,
seguramente, político.
Después fueron los artistas, ese colectivo que parecía que solo
apoyaba al de la ceja y criticaba al Gobierno del PP en la fiesta de los Goyas,
y que ahora se ha rendido ante quien dice rebajar el IVA cultural y los premia
en la Gala de los Ceres. Una inversión de algo mas de 600.000€ bien
rentabilizada por quien se ha convertido en “referencia cultural” en España.
(Loquillo dixit).
Por bastante menos dinero, 121.000€ exactamente, IVA incluido,
Monago ha conseguido que Extremoduro promocione los productos
ecológicos extremeños en sus conciertos. De propina, nuestro inversor
presidente se ha hecho una foto de alto valor; nada menos que colgando una
medalla, la Medalla de Extremadura, en el cuello del irreductible Robe Iniesta,
líder de nuestros embajadores ecológicos.
Lo dicho, tenemos un Presidente que, cuando deje de serlo, podrá
ganarse la vida como inversionista, dada la visión que ha demostrado para
invertir dinero con alto rendimiento.
Lastima que el “master” que ha realizado en estos últimos meses lo haya
financiado con nuestro dinero.
jueves, 5 de junio de 2014
Un Rey legítimo
La Constitución Española
establece que la forma política del Estado español es la Monarquía
parlamentaria; determina que la Corona de España es hereditaria en los
sucesores de S.M. Don Juan Carlos de Borbón; y da preferencia en la sucesión al
hijo varón del Rey. Por tanto, el ascenso de Felipe de Borbón a la Jefatura del
Estado español es acorde con la Constitución. Felipe VI será un Rey legítimo.
Tan legitimo como lo es proponer
una modificación de la Constitución de 1.978, o una nueva Constitución, para lo
cual solo es necesario seguir el procedimiento establecido en el Título X de la
vigente, el cual exige un referéndum para la ratificación de la modificación
cuando esta tenga un determinado alcance o lo solicite una parte de las Cortes
Generales.
Tan legítimo como exigir en la
calle a los partidos políticos, al Gobierno, que promuevan un referéndum consultivo,
al amparo del artículo 92 de la Constitución, para que los ciudadanos españoles
se pronuncien sobre la forma política que consideran más adecuada para el
Estado español en los momentos actuales: Monarquía, República , Estado Federal,
etc.
Visto lo visto, está claro que
los principales partidos que suscribieron el pacto político y constitucional
que sirvió de soporte a la Transición, PSOE y PP, no consideran ni necesario,
ni oportuno afrontar un proceso que no saben a dónde conduciría. Se impone en
ellos la prudencia que aconsejó, en 1.978, impulsar un camino pausado y, en
teoría, seguro, al contar con el beneplácito tanto de las fuerzas democráticas
como de los poderes fácticos que en aquellas fechas intentaban administrar el
legado franquista.
Pero también, visto lo visto en
los últimos días, no es aventurado pensar que más antes que después, más pronto
que tarde, se abrirá paso la idea de que el agotamiento de la primera
Transición y, sobre todo, la grave crisis institucional, política y económica
que asola a España obliga a abordar un proceso en el que, entre todos,
definamos que queremos que sea nuestro país en pleno siglo XXI.
En mi opinión, es llegado el
momento de abordar una profunda reforma constitucional, que refuerce los
principios inspiradores del Estado social y democrático de Derecho que nos
dimos en 1.978, incorporando a los de libertad, justicia, igualdad y pluralismo
político, otros como el de la participación, transparencia, o laicidad; una
reforma que recupere para los ciudadanos la soberanía perdida a favor de los
mercados con la modificación nocturna y alevosa del artículo 135, establezca líneas
rojas infranqueables en defensa del estado de bienestar y blinde los servicios
públicos esenciales; una reforma que aborde una nueva configuración federal del
Estado en la que tengan cabida la solidaridad y las legitimas aspiraciones de
los ciudadanos catalanes, vascos o murcianos; una reforma que, - tras oír la
voz de los ciudadanos en un referéndum consultivo-, establezca si la forma
política del Estado español sigue siendo una Monarquía parlamentaria o pasa a
ser una República democrática.
Ojalá, en los primeros años del
reinado del legítimo Felipe VI, seamos capaces de abordar ese proceso que requiere
mucha altura de miras, pero que es imprescindible si queremos abortar la deriva
de un país que se desangra social, económica y políticamente. Especialmente
creo que esa altura de miras debe estar presente en quienes protagonizaron
políticamente la primera Transición que, -además de elogiarle hasta el baboseo
en algunos casos-, podían seguir el camino trazado por Juan Carlos I con su
abdicación, dando paso con ello a las nuevas generaciones de españoles y
españolas, tan preparados o más que el heredero para asumir el protagonismo que
reclaman y que les corresponde. Si no lo hacemos, si no lo promueven los
principales partidos políticos, es previsible que los ciudadanos protagonicen
nuevas mareas que se lleven por delante los restos del naufragio de la primera
Transición; mejor para todos que con el reinado de Felipe VI se inicie una
nueva Transición que, ahora sí, rompa con los vestigios del antiguo régimen.
Mi opción está clara: Larga vida
al ciudadano Felipe de Borbón, corta vida al Rey Felipe VI.
lunes, 26 de mayo de 2014
PSOE: Renovarse o seguir muriendo
Tras los catastróficos resultados
obtenidos en las elecciones europeas por el PSOE, nadie en dicho partido dudará
de la necesidad de abordar una renovación profunda que intente evitar que el
centenario partido siga el camino que ha llevado al PASOK griego a la
desaparición.
Tengo dudas sin embargo de que
todos los dirigentes socialistas entiendan que la renovación debe ir bastante más
allá del cambio de dirección y de rostros electorales, llegando a una clara
redefinición del proyecto político y, con él, a un giro hacia la izquierda.
Indudablemente, la renovación de
personas es imprescindible, urgente, imperiosa. Es llegado el momento de
jubilar definitivamente a quienes acompañaron a Felipe Gonzalez en la década de
los 80, y convirtieron al PSOE en el eje vertebrador de una nueva España, más
moderna, más justa y más igualitaria. Es hora de hacer descender del autobús a
quienes son un lastre en la parte trasera del mismo y, con sus movimientos,
ponen en peligro la estabilidad del vehículo. Es necesario que los Chaves, Griñán,
Ibarra, y un largo etc. en cada Comunidad Autónoma, entiendan que su tiempo
pasó y que es hora de que disfruten de un merecido retiro.
Pero esta renovación en las
personas, -que debe dar lugar inmediatamente a una nueva dirección del partido-,
es condición imprescindible pero no suficiente. Si el PSOE aspira a seguir
siendo un partido de gobierno en España, influyente en Europa, debe abordar
otras importantes renovaciones.
La principal, ideológica. En los
últimos años el PSOE ha dejado de ser referente para parte importante del
electorado de centro izquierda español, al hacer suyos los principios
económicos que han llevado a Europa a la situación actual. Recuperar las señas
de identidad de la socialdemocracia europea: Crecimiento económico;
redistribución de las rentas; fiscalidad progresiva que ponga el acento en los
impuestos directos y no en los indirectos; incremento del gasto social, etc.,
es condición sine qua non para recuperar la confianza de millones de
trabajadores españoles que han visto como el PSOE les abandonaba a su suerte,
avalando cuando no impulsando políticas económicas y laborales que les han
dejado a los pies de los caballos neoliberales que campan a sus anchas por
Europa tras arrasar el Pacto Social que hizo a Europa un continente modélico con
su Estado de Bienestar Social ahora desmantelado.
Este giro ideológico es necesario
si el PSOE quiere tener posibilidades de atraer de nuevo a esa parte importante
de la clase trabajadora que se refugia en la abstención o deposita su confianza
en viejas y nuevas organizaciones de la izquierda. Las elecciones europeas, en
España, la ha ganado la izquierda por número de votos y de diputados, pero esa
mayoría no gobernará en España si no se produce la convergencia entre las fuerzas
que la representan, y esa convergencia no será posible mientras el PSOE piense
que puede volver a gobernar arrebatando los votos más moderados al PP.
Por supuesto además de estas importantes
renovaciones de personas y de modelo, hacen falta más cosas: Apostar de verdad
por la transparencia y la democracia participativa; integrarse de nuevo en la
sociedad; recuperar la calle al lado de quienes luchan por sus derechos y
contra las injusticias….
Y recuperar Cataluña. Los grandes
triunfos del PSOE han pasado siempre por ganar elecciones en Andalucía y
Cataluña. Mientras Andalucía resiste “roja”, en Cataluña el PSOE, rendido al
PSC, no llega al 15% de los votos, como consecuencia de la desafección de su
electorado no nacionalista que abandona un escenario político en el que no se
cuenta con él. Y aquí, nuevamente, el PSOE tiene que ser radical: Romper con el
PSC, recuperar sus siglas y señas de identidad y apostar claramente por un
modelo federal en el que el Partido Socialista debería ser el garante de la
igualdad y solidaridad entre los distintos pueblos de España.
martes, 6 de mayo de 2014
El humo de Monago
Monago vende humo, pero lo vende
bien. Hoy, en el Discurso sobre el Estado de la Región, ha vendido mucho
utilizando como combustible para generarlo los fondos que desde la Unión
Europea vendrán a Extremadura en el periodo 2014-2020; fondos que puede que él
no gestione, pero que hoy le han permitido anunciar una larga retahíla de
propuestas y medidas para el medio y el largo plazo.
Ejemplo del humo que vende, lo de
“La Tierra para el que la trabaja”. Solemnemente ha anunciado que “vamos a ser
la primera región de la historia de España que devuelva a su pueblo todas las
tierras propiedad del Gobierno”, para después anunciar la creación de un Banco
de Tierra que formará con más de 4000 huertos. Es decir, la “Reforma Agraria”
del Barón Rojo Popular consistirá en hacer emprendedores agroecológicos de
Extremadura, o sea, empresarios modernos, a los hortelanos, en gran medida
jubilados que cultivan los huertos propiedad de muchos ayuntamientos de la
región, quienes, según el plan, en una primera fase abastecerán a locales de restauración de
sus respectivas zonas y en una segunda fase transformarán esas producciones
ecológicas, (supongo, aunque no lo ha dicho Monago), para abastecer ese mundo mundial que
estamos conquistando comercialmente.
Como ejemplo de esa hábil utilización
de humo a partir de unos fondos aun en fase de planificación, el Agrotech, (nueva
palabreja con la que se refiere a la innovación en el medio rural, y que
pretende sea un Plan Director de Política Económica inspirado en Dinamarca, en
la provincia italiana der Parma y en el Estado de Israel nada menos), o el
Sistema de Garantía para Mayores de 45 años.
En los anuncios sobre política
fiscal aparece de nuevo el Monago comercial bien asesorado, que anuncia
importantes rebajas de tasas o impuestos que él mismo creó, de la misma forma
que aparece el dadivoso presidente que concede incrementos de ayudas previamente
eliminadas o promete recuperaciones salariales a funcionarios a los que
previamente devaluó salarialmente.
En definitiva, un discurso no del Estado de la Región
sino preñado de promesas electorales a un año vista de las elecciones y sobre
las que por tanto no hay garantía alguna de realización.
Humo sí, pero bien
vendido.
miércoles, 30 de abril de 2014
Unidad Sindical
Hace
casi 40 años, cuando con la Transición la actividad sindical dejó de ser
clandestina, comenzó el largo camino de la Unidad Sindical en España.
Quienes
vivimos en primera línea aquellos años sabemos de lo tortuoso del camino, los
obstáculos que dificultaban, cuando no impedían, un proceso de unidad que los
trabajadores pedían a gritos.
Para
dar respuesta a los grandes retos, CC.OO y U.G.T acudían a la unidad de acción,
mediante la cual se dejaban de lado las grandes diferencies existentes para aborda
a través de la lucha sindical, los graves problemas que aquejaban a los
trabajadores, a la clase trabajadora como, sin rubor, se denominaba entonces al conjunto de los trabajadores y sectores populares.
Los
sindicatos, además de organizaciones de trabajadores, eran parte de las
distintas familias en las que se organizaba la izquierda política; Sindicato Socialista,
fue un apellido lucido con orgullo por la UGT, quien hacia gala de tener el
mismo fundador que el PSOE: Pablo Iglesias. Sindicato comunista era la
coletilla con la que se denominaba a las Comisiones Obreras, fundadas por
militantes del PCE en la mina asturiana de la Camocha, aunque los dirigentes
del Sindicato nunca asumieron ese apellido a pesar de la militancia comunista
de la mayor parte de ellos y de los cuadros sindicales.
Los
modelos sindicales también acrecentaban las diferencias. Infiltrada en el
Sindicato Vertical, Comisiones Obreras apostó por aprovechar y aprovecharse de
las estructuras del sindicato franquista, mientras que UGT mantuvo su lucha
clandestina y, como consecuencia de ello, menos visible y presente en el seno
de las empresas. Mas tarde, ya legalizados ambos sindicatos, CC.OO siguió
apostando por los “órganos de representación unitarias” (Los Comités de
Empresas) en los que se movían como peces en el agua, mientras que UGT apostaba
por un modelo que tenia como base las Secciones Sindicales de empresa, formadas
por los afiliados de cada sindicato.
La
acción sindical también era distinta en aquellos años 70/80 del siglo pasado;
mientras para CC.OO la acción sindical tenia como eje central la
confrontación, UGT, de la mano de
sindicalistas provenientes de la USO, como José Mª Zufiaur), apostaba por una
acción sindical en la que primero se recurría a la concertación para pasar a la
acción solo cuando aquella fallaba. Años costó que CC.OO asumiera esta doble
estrategia de UGT que, en solitario, consiguió importantes avances como el
original Estatuto de los Trabajadores, la Ley de Libertad Sindical o los
Acuerdos Nacionales sobre Empleo y Negociación Colectiva.
Eran
años en los que ambos sindicatos tenían que competir por la representación de
los trabajadores, en unas elecciones sindicales durísimas, que mermaban
drásticamente los escasos recursos económicos de que disponían y generaba
importantes confrontaciones en el seno de la empresas. Eran años de confrontación
sindical, simbolizada en aquel famoso debate televisivo en el que Nicolás
Redondo lanzó a Marcelino Camacho aquel: “Mientes Marcelino y tu lo sabes”.
Desde
entonces ha llovido mucho; hoy ni UGT es el sindicato socialista en el que
obligatoriamente militaban los afiliados del PSOE, ni CC.OO hace piña con el
PCE o IU, teniendo ambos amplia pluralidad de militancia (y no militancia)
política entre sus dirigentes, cuadros y afiliados; hoy los modelos sindicales
apenas se diferencian ni estratégica ni organizativamente; y hoy, la
confrontación sindical ha dado paso a un proceso de unidad sindical, de
estrategia y de acción, que hacen a Cándido y Toxo las dos caras de la misma
moneda.
Este
nuevo camino unitario se comenzó a forjar entre 1.985 y 1.990, cuando las
agresiones de los gobiernos de Felipe González a derechos y condiciones de los
trabajadores dieron paso a las movilizaciones de 1.985, contra la modificación
de las pensiones, y, sobre todo, a la primera gran Huelga General del 14D de
1.988, igualmente contra las medidas laborales impulsadas por el gobierno
socialista.
Hoy
los sindicatos están siendo agredidos por tierra, mar y aire, por quienes
saben, desde la derecha política, económica y mediática, que son el último
bastión capaz de intentar oponer alguna resistencia ante el tsunami neoliberal
que asola Europa y, especialmente, los países del Sur. Por si no fuese
suficiente con el “enemigo” externo, los sindicatos debilitan su imagen por
errores propios y por algunas actuaciones poco claras, hoy sometidas al
escrutinio público y ciudadano. Como consecuencia de ambos factores, y de algún
otro, los sindicatos se están viendo privados de los recursos económicos y
humanos necesarios para abordar con mínimas garantías de éxito su importante
labor.
Llegados
aquí, y precisamente el 1º de Mayo, Día de la Clase Trabajadora, me permito
lanzar una pregunta; un reto:
¿No
es llegado el momento de abordar un proceso de debate, análisis, y consulta a
los trabajadores, que permita explorar las posibilidades de poner en marcha un
proceso de Unidad Sindical “constituyente” que concluya con la gran Central
Sindical de Clase, capaz de ofrecer alternativas al pensamiento único y de
rearmar a los trabajadores ante los cada vez mas descarados y descarnados
embates de quienes están imponiendo en Europa un nuevo modelo de Relaciones
Laborales y, como consecuencia, derribando lo que queda del Estado de Bienestar
que nació en Europa en la segunda mitad del siglo pasado, como conquista de los
trabajadores y como freno a posibles aventuras
revolucionarias?
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