sábado, 12 de julio de 2008

¿Puede hacerse algo?

Los últimos días las noticias sobre las tragedias que sufren quienes desde el África Subsahariana, a través del Estrecho de Gibraltar, intentan escapar del infierno en el que viven, sobrecogen el ánimo a quien tenga una mínima sensibilidad. Sin embargo, las noticias se suceden, las tragedias se repiten, sin que los ciudadanos seamos capaces de hacer algo más que esconder unas lágrimas furtivas, o beber un trago de agua para ayudar a deshacer el nudo en la garganta que las imágenes de la televisión nos producen cuando nos cogen, generalmente, comiendo.
Mientras, los gobiernos se dedican a intentar resolver el “problema” que la inmigración nos crea, repatriando a los que sobreviven, elevando la altura de las barreras, o creando nuevas normas que, encima, tienen la desfachatez de decir que son para proteger a los más desprotegidos. La última de nuestro Presidente ha sido afirmar solemnemente que “Encabezará una gran movilización global contra la miseria”. Supongo que será tras lograr la Alianza de Civilizaciones que promueve.
El problema, en mi opinión, no tiene solución, pues el sistema económico que nos gobierna lo impide y cambiar este sistema; obligar a los gobiernos de los países desarrollados a cambiarlo, escapa a la capacidad de acción de una sociedad desmovilizada, desmotivada y, encima, asustada ante el cambio que la presencia entre nosotros de los inmigrantes legales, y de los ilegales que sobreviven y escapan a la acción policial, está produciendo.
Ignoro las razones que impulsaron a quienes nos invadieron en el siglo VII a cruzar el Estrecho; no sé si fue el ansia de expansión de los dirigentes o el anhelo de los pueblos de encontrar mejores horizontes, pero hoy, 14 siglos después, salvo que una marea de parias de la tierra, organizados, nos invada, seguiremos viendo, eso sí con emoción, como el fondo del Estrecho se eleva poco a poco, a causa de los cadáveres de quienes encuentran en este espacio su definitiva liberación.

miércoles, 4 de junio de 2008

Juan


Mi amigo Juan ha muerto. Durante muchos años lo compartimos todo: Trabajo, alegrías, sinsabores (pocos en aquellos años), aventuras, confidencias, deudas, familia, ....; nuestros hijos nacieron y se criaron juntos. Después, la distancia geográfica impuso un alejamiento en nuestras vidas que, aunque no afectó al cariño que nos profesábamos, dificultó la relación diaria y, sobre todo, que pudiera estar con él cuando problemas de salud y familiares hicieron de su vida un calvario. Hoy, el cura en su breve y rutinario responso ha dicho que Dios le había cuidado en vida; ¡Mentira! Si así hubiese sido, no habría sufrido lo que ha sufrido; sufrimiento que intentó reducir con pequeños placeres "prohibidos", que le han permitido sobrevivir durante los últimos años de su vida. Hace seis meses le diagnosticaron un cáncer que le corroía, y un médico le pronosticó tres meses de vida. Ha sido capaz de alargar este periodo otros tres meses, que ha dedicado, como toda su vida, a resolver problemas de su familia, aunque, lamentablemente, se ha ido con la pena de no haber resuelto el mas grave, que le ha amargado los últimos años de su existencia.
Hoy, todos, absolutamente todos, sus amigos y compañeros hemos arropado a su familia en su último viaje, tras el cual le hemos dejado junto a sus padres, a los que tanto quiso. No se ha quedado solo; solos, sin él, sin su cariño, sin su dedicación, se quedan, nos quedamos, quienes le hemos querido.

jueves, 29 de mayo de 2008

Legalidad, Ética y Estética

El principio de legalidad debe presidir las actuaciones de todos los ciudadanos, independientemente del puesto o responsabilidad que ocupen o de la actividad a la que se dediquen. En ese sentido, hay leyes que regulan las incompatibilidades a las que están sometidos los políticos durante el ejercicio de su cargo, y, en algunos casos, después de dejarlo. Que se sepa, Federico Suarez no ha incurrido en ninguna incompatibilidad por ocupar el puesto de presidente de Consejo de Administración de una empresa privada, noticia de la que se hacía eco el Periódico Extremadura en su edición del jueves 29 de mayo.
(http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/noticia.asp?pkid=376777)
Todo el mundo sabe que las personas que se dedican a la actividad política, además, están sometidos a otros principios éticos, los cuales suelen limitar su capacidad de actuación, tanto en su vida pública como en la privada. Aunque los principios éticos suelen anidar en la conciencia individual o colectiva, lo cual origina distintos puntos de vista a la hora de juzgar un comportamiento, los estatutos de los partidos políticos suelen recoger disposiciones que concretan y desarrollan alguno de estos principios éticos. Que se sepa, Federico Suarez no ha vulnerado los estatutos del partido que preside en Extremadura, lo cual, en todo caso, solo debería importar a los militantes de su partido.
Además de la legalidad y la ética, la estética también se aplica a la hora de valorar la actuación de las personas que ocupan o han ocupado alguna responsabilidad pública. Es aquello de “la mujer del Cesar..”. Habrá a quien le guste más o menos la imagen de Federico Suarez presidiendo el Consejo de Administración de una empresa constructora, pero esto no deja de ser fruto de la subjetividad con la que se valoran las cuestiones estéticas, de la misma forma que habrá a quien le guste más o menos la imagen de quién ha sido dirigente sindical durante años, al frente de una empresa privada, una vez que ha finalizado su actividad sindical.
En mi opinión, ni desde el punto de vista legal, ni del ético, ni del estético, la actuación de Federico Suarez, en el caso conocido, es reprobable, por lo que me parece injusto que se le pretenda poner a los pies de los caballos.

martes, 27 de mayo de 2008

Manolo Rojas

Esta tarde se ha inaugurado un busto que, por suscripción popular de los vecinos de la margen derecha, se ha levantado en el Parque de San Fernando de Badajoz a Manolo Rojas, alcalde socialista de Badajoz entre 1.983 y 1.991. El comentario generalizado ha sido que el parecido de la estatua con Manolo es mínimo.
Manolo Rojas fue, sobre todo, una gran persona y por eso es querido y recordado en la ciudad.
Como alcalde intentó hacer de Badajoz una gran ciudad, alegre y divertida (En Badajoz se vive o Badajoz olímpico, eran lemas de la ciudad que regia). Impulsó grandes proyectos, excesivos algunos, utópicos otros, como él, y uno de ellos se lo llevó por delante. La ciudad, consciente de que fue desfrenestado desde Mérida, no ha vuelto a darle su confianza a su partido.
Hoy, rodeado de viejos amigos y militantes socialistas y ugetistas de su época, rememoraba dos situaciones vividas con él; la primera, un pleno municipal que presidia durante un conflicto laboral en el ayuntamiento, en el que, el bueno de Manolo, nos cedió la palabra a los sindicalistas que le pusimos a escurrir, mientras él nos miraba con una sonrisa entre triste e irónica. La segunda, un encuentro y un abrazo en una calle de Badajoz, al tiempo que alborozado me decia que venia de una revisión y que estaba limpio. Dos meses después el cáncer acabó con su vida.
Hoy, lo mejor del acto la gente y el recuerdo de Manolo; los discursos flojitos.

jueves, 22 de mayo de 2008

MEDALLA MERECIDA

En un excesivo e innecesario gesto de modestia, que, en cualquier caso le honra, Rodriguez Ibarra afirmó, al recibir y agradecer la Medalla de Extremadura, que no la merecía. Discrepo; en mi opinión es un galardón que Rodriguez Ibarra se merecía y que nadie, honradamente, puede discutirle.
Se lo merecía, por la propia razón de ser de la condecoración, ya que si esta tiene como objeto reconocer, distinguir y recompensar públicamente a aquellas personas… que hayan destacado por sus méritos o por los servicios a la Región, es claro que Rodriguez Ibarra cumple plenamente los requisitos.
Se lo merecía por la propia historia de la condecoración. Desde la primera que, allá por 1.986, el propio Rodriguez Ibarra impuso al Rey Juan Carlos I, la medalla se ha colgado del cuello de personajes y personajillos a los que Rodriguez Ibarra da sopa con ondas al contabilizar los servicios prestados a la región.
Y, sobre todo, se la merecía porque la Autonomía extremeña es hoy lo que es, con sus virtudes y carencias, gracias, fundamentalmente, a Juan Carlos Rodriguez Ibarra, quien ha dedicado más de la mitad de su vida al servicio público, al servicio de la Región.
Se puede criticar su talante o su carácter; se pueden cuestionar muchas de sus actuaciones y manifestaciones; se puede discrepar, y yo lo he hecho muchas veces, de su política, pero difícilmente puede cuestionarse su dedicación y los servicio prestados a Extremadura.
Es verdad, como el mismo ha dicho, que parte de su mérito, y de su desmérito, es compartido por quienes han, (hemos), trabajado en algún momento con él. De la misma forma que es indudable el extraordinario sacrificio que ha hecho Leo, su mujer, pero lo realmente cierto es que en la historia de Extremadura, con los claroscuros de todos los grandes personajes, Juan Carlos Rodriguez Ibarra ocupará siempre un lugar destacado; muy destacado. Por esa la Medalla de Extremadura, como dice el Decreto de concesión, alcanza su máxima expresión en la persona de Juan Carlos Rodriguez Ibarra. Felicidades.

domingo, 27 de abril de 2008

Colchones ensangrentados

La liberación de los tripulantes del pesquero Playa del Bakio, al parecer, tras el pago del rescate a los piratas, la presencia de Alonso en el Gran Premio de Montmelo, la posibilidad de que el Madrid se proclamara campeón de liga, son algunas de las noticias que han robado espacio y protagonismo en los medios de comunicación al trágico incendio que ha acabado con la vida de 55 trabajadores (mujeres y niñas entre ellos) de una fábrica de colchones en Casablanca (Marruecos) y, sobre todo, a las condiciones del local que han impedido la fuga de quienes allí desarrollaban su trabajo: Puertas bloqueadas y ventanas con rejas para impedir, según indica el comandante regional de protección civil, robos de materias primas.
Por supuesto, hay que husmear entre algunas noticias de agencia, para encontrar referencias a las condiciones laborales en las que desarrollaban su trabajo los 400 asalariados de la fábrica: Ausencia de alta en la seguridad social, salarios de 350 dirhan (30 euros) semanales, subcontratas, menores, etc. De la empresa, solo se da el nombre: Rosamor Ameublements, sin ningún dato que permita seguir una pista que, seguramente, llevará a alguna empresa europea que, aprovechando las condiciones que el país alauita ofrece, ha deslocalizado su actividad.
A partir de ahora, al comprar un colchón o acostarnos en la cama de un hotel, habrá que mirar debajo por si hay alguna mancha de hollín del incendio, o de sangre marroquí, o alguna etiqueta del tipo “made in Morocco”.

lunes, 14 de abril de 2008

LA REINA DE OLIVIA


Mal que le pese a su padre, si algún día Olivia tiene que tomar posesión de algún cargo público, lo hará prometiendo cumplir sus funciones “… con lealtad a la Reina…” de la misma forma que hoy (con lealtad al Rey) lo han hecho Bibi Aido o Carme Chacón, las dos integrantes del nuevo Gobierno de Zapatero que, de forma más contundente, representan el imparable cambio que se produce en España, en el que el acceso de la mujer joven a puestos hace poco impensables es la muestra más representativa.
Hoy, que conmemoramos el 77 aniversario del advenimiento de la II República, creo no equivocarme si afirmo que el siglo casi recién comenzado no verá la instauración de la III.
Y ello es así porque entre las prioridades vitales de quienes están llamados a protagonizar el futuro a corto (la generación del padre de Olivia) y a medio plazo (la generación de Olivia) no se encuentra la forma que adopte el Estado español. (Para que hablar del largo plazo si no lo veré).
El 8 de octubre de 1.986, el Presidente de la Junta de Extremadura y su Consejo de Gobierno entregaron la primera Medalla de Extremadura al Rey Juan Carlos. Mientras esperábamos la presencia del Monarca, nos juramentamos para no inclinar la cabeza ante el Jefe del Estado; y puede observarse, en las fotos que testimonian el acto, como mantuvimos la cabeza erguida, mirando a los ojos del Borbón. Fue nuestra pequeña venganza, que celebramos posteriormente ante un esplendido cocido en el Restaurante Lhardy.